
El cinismo con que el autor relata las redes de corrupción en las que supuestamente se vio envuelto, curiosamente le confiere cierta credibilidad a lo que está contando.
Aunque el público en general todavía no ha tenido en sus manos Derecho de réplica, la distribución del libro de Carlos Ahumada entre los medios de comunicación ha sido suficiente para que la opinión pública vuelva a definirse en torno a los bochornosos acontecimientos de 2004 que en él se narran.
Para la mayoría es claro que la súbita aparición de este asunto tiene claras intenciones electorales, aunque los públicos no terminan de ponerse de acuerdo qué partido puede verse más perjudicado o cuál beneficiarse más electoralmente hablando con el hecho de revivir aquellos acontecimientos.
El cinismo con que el autor relata las redes de corrupción en las que supuestamente se vio envuelto, curiosamente le confiere cierta credibilidad a lo que está contando. Lo triste del asunto es que, como dice el propio Ahumada, en México se sacan a la luz estas cosas y no pasa de ser materia para comentarios. Ni las autoridades se dan por enteradas de los delitos que se denuncian, ni la opinión pública se indigna lo suficiente como para exigir que dichas autoridades cumplan con su obligación de hacer cumplir la ley.
¿Qué ocurriría en otras latitudes si 53% de las personas sospecharan que un ex presidente, en contubernio con un ex senador de la República, hubieran ofrecido millones de pesos a un empresario por destapar la cloaca de la corrupción en el gobierno de un tercero?
¿Cómo actuarían los públicos en otros países si 65% creyera a pies juntillas que un ex jefe de gobierno sabía de las extorsiones que llevaban a cabo sus subalternos y simplemente no hizo nada?
El comentario que según Ahumada le hizo Carlos Alazraky al final de su entrevista describe como nada el triste cinismo en el que nos hemos instalado los mexicanos: “Pecaste de ingenuo”, dice Ahumada que le dijo el publicista. No Carlos, Ahumada no pecó de ingenuo, pecó de corrupto y de ambicioso, y no es que los que lo engañaron hubieran sido más listos que él, lo engañaron porque son más corruptos y más ambiciosos. ¿Hasta cuando en México vamos a seguir premiando a los más vivos y no a los mejores?
Nota metodológica: Encuesta telefónica realizada el 9 de mayo, considerando 500 entrevistas a personas mayores de 18 años seleccionadas mediante un muestreo aleatorio simple sobre el listado de teléfonos del país. Con 95% de confianza, el error estadístico máximo que se tiene es de +/- 4.5 por ciento.
mariadelasheras@demotecnia.com (Milenio)
Para la mayoría es claro que la súbita aparición de este asunto tiene claras intenciones electorales, aunque los públicos no terminan de ponerse de acuerdo qué partido puede verse más perjudicado o cuál beneficiarse más electoralmente hablando con el hecho de revivir aquellos acontecimientos.
El cinismo con que el autor relata las redes de corrupción en las que supuestamente se vio envuelto, curiosamente le confiere cierta credibilidad a lo que está contando. Lo triste del asunto es que, como dice el propio Ahumada, en México se sacan a la luz estas cosas y no pasa de ser materia para comentarios. Ni las autoridades se dan por enteradas de los delitos que se denuncian, ni la opinión pública se indigna lo suficiente como para exigir que dichas autoridades cumplan con su obligación de hacer cumplir la ley.
¿Qué ocurriría en otras latitudes si 53% de las personas sospecharan que un ex presidente, en contubernio con un ex senador de la República, hubieran ofrecido millones de pesos a un empresario por destapar la cloaca de la corrupción en el gobierno de un tercero?
¿Cómo actuarían los públicos en otros países si 65% creyera a pies juntillas que un ex jefe de gobierno sabía de las extorsiones que llevaban a cabo sus subalternos y simplemente no hizo nada?
El comentario que según Ahumada le hizo Carlos Alazraky al final de su entrevista describe como nada el triste cinismo en el que nos hemos instalado los mexicanos: “Pecaste de ingenuo”, dice Ahumada que le dijo el publicista. No Carlos, Ahumada no pecó de ingenuo, pecó de corrupto y de ambicioso, y no es que los que lo engañaron hubieran sido más listos que él, lo engañaron porque son más corruptos y más ambiciosos. ¿Hasta cuando en México vamos a seguir premiando a los más vivos y no a los mejores?
Nota metodológica: Encuesta telefónica realizada el 9 de mayo, considerando 500 entrevistas a personas mayores de 18 años seleccionadas mediante un muestreo aleatorio simple sobre el listado de teléfonos del país. Con 95% de confianza, el error estadístico máximo que se tiene es de +/- 4.5 por ciento.
mariadelasheras@demotecnia.com (Milenio)
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